
Lujuria
La lujuria es el deseo sexual desordenado o desmedido y uno de los siete pecados capitales de la tradición cristiana.
La lujuria es, en la tradición moral y religiosa occidental, el deseo sexual desordenado o vivido sin medida, y uno de los siete pecados capitales. En el lenguaje corriente se usa también para hablar de cualquier exceso o desenfreno. Como concepto ético, remite sobre todo a la dificultad de someter el deseo al juicio y al respeto hacia los demás.
¿Qué es la lujuria?
La palabra procede del latín luxuria, que significaba «exceso», «abundancia desordenada» y, de ahí, «desenfreno». Entre los antiguos romanos, la luxuria se refería en general al lujo y al derroche, no solo al sexo. Fue en el cristianismo cuando se asoció de manera más específica con el deseo sexual desmedido.
Es importante no confundirla con la sexualidad en sí. La mayoría de las tradiciones morales y religiosas, incluida la católica, no condenan el deseo ni la vida sexual, sino su desorden: convertir al otro en un simple objeto de placer, buscar el goce sin atender a la dignidad de la persona o dejar que el impulso gobierne por completo la conducta.
La lujuria entre los siete pecados capitales
La lista tiene su origen en el monje Evagrio Póntico (siglo IV), que identificó ocho «pensamientos» que apartaban de la vida espiritual. El papa Gregorio Magno la reformuló a finales del siglo VI en una lista de siete vicios capitales que, con algún ajuste posterior, dio lugar a la que se conoce hoy: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. Santo Tomás de Aquino, en la Suma teológica, la analizó como un vicio contrario a la templanza.
La literatura la ha tratado extensamente. En la Divina comedia, Dante coloca a los lujuriosos en el segundo círculo del Infierno, arrastrados por un vendaval, entre ellos Francesca da Rimini, cuyo amor desbordado inspiró algunos de los versos más célebres del canto V. Sirve de imagen de cómo el deseo sin gobierno puede llevarnos a la deriva.
Características según la ética tradicional
- Desorden del deseo: el impulso no se somete a la razón ni al respeto debido a los demás.
- Cosificación: se ve a la otra persona como un medio para obtener placer.
- Búsqueda compulsiva: el placer se persigue de forma repetida, con insatisfacción creciente.
- Olvido del compromiso: se ignoran promesas, vínculos o consecuencias sobre terceros.
Lujuria y templanza
La virtud que se contrapone a la lujuria es la templanza (sophrosyne para los griegos), entendida no como represión, sino como dominio de uno mismo. Aristóteles, en la Ética a Nicómaco, distingue entre el intemperante, que se deja arrastrar por el placer y se arrepiente poco, y quien posee autodominio. Para esta tradición, la clave no es suprimir el deseo, sino integrarlo en una vida ordenada, en la que el placer tenga su lugar sin esclavizar. En el ámbito religioso, a esta virtud se le suma la castidad, concebida según cada estado de vida.
Ejemplos de comportamientos asociados
- Anteponer de forma habitual la gratificación sexual al bienestar de la pareja o de terceros.
- Utilizar el engaño o la presión para conseguir encuentros sexuales.
- Consumo compulsivo de pornografía hasta el punto de afectar a la vida cotidiana y a las relaciones (cuando hay una conducta compulsiva, conviene la ayuda profesional, más que la condena moral).
- Poner en peligro la propia familia o el trabajo por un impulso sin consideración de las consecuencias.
Consecuencias y visión actual
Desde el punto de vista ético moderno, el foco suele ponerse en el consentimiento, el respeto y la responsabilidad hacia la otra persona, más que en el deseo en sí. Un comportamiento sexual que cosifica, engaña o hace daño se considera reprobable con independencia de las creencias religiosas. A nivel individual, el exceso de búsqueda de placer inmediato puede dejar insatisfacción, culpa o deterioro de las relaciones. Se relaciona con otros desórdenes del apetito, como la gula o la codicia.
Conviene además distinguir los planos. Lo que una tradición religiosa llama pecado no coincide necesariamente con lo que otra persona considera una conducta ética o no, y la psicología distingue entre sexualidad sana y conductas compulsivas, que requieren atención y no sermones.
Cómo cultivar el autodominio
- Conocerse: identificar qué situaciones despiertan impulsos que luego se lamentan.
- Anteponer el respeto: preguntarse si la otra persona participa libremente y si saldrá dañada.
- Cultivar vínculos de calidad: la intimidad basada en la confianza y la comunicación es más duradera que la búsqueda de sensaciones.
- Pedir ayuda cuando haga falta: si el impulso se vuelve incontrolable, un profesional de la psicología puede orientar.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la lujuria?
Es el deseo sexual desordenado o desmedido. En la tradición cristiana es uno de los siete pecados capitales, y en sentido amplio puede referirse a cualquier exceso o desenfreno.
¿Cuál es el origen de la palabra lujuria?
Viene del latín luxuria, que significaba exceso, abundancia desordenada y desenfreno. Entre los romanos aludía también al lujo y al derroche, no solo al sexo.
¿Es lo mismo lujuria que deseo sexual?
No. El deseo sexual es una dimensión natural de la persona. La lujuria alude a su desorden o exceso, cuando el deseo prescinde del respeto al otro o del propio autocontrol.
¿Cuál es la virtud contraria a la lujuria?
Tradicionalmente, la templanza y, en el ámbito religioso, la castidad. Ambas se entienden como dominio de uno mismo, no como negación del deseo.
¿Quién incluyó la lujuria entre los pecados capitales?
La lista nace con Evagrio Póntico en el siglo IV, la reformuló en siete vicios el papa Gregorio Magno a finales del siglo VI y Tomás de Aquino la sistematizó después; la lujuria figura en todas ellas.
Referencias
- Aristóteles. Ética a Nicómaco, libro III, sobre la templanza.
- Gregorio Magno. Moralia in Iob.
- Tomás de Aquino. Suma teológica, II-II, cuestión 153.
Cómo citar este artículo
Equipo de Conceptualia. (2026). «Lujuria». Conceptualia. https://conceptualia.es/ser-humano/valores/lujuria/

















