
Pusilánime
Pusilánime es quien carece de ánimo y valor para decidir o afrontar situaciones difíciles.
Pusilánime es la persona que carece de ánimo y de valor para tomar decisiones importantes o afrontar situaciones difíciles. No se trata solo de miedo, algo que todos sentimos, sino de una actitud de encogimiento habitual: quien se siente incapaz de grandes empresas, se echa atrás ante el primer obstáculo y renuncia a lo que podría lograr. La pusilanimidad es el vicio de quedarse corto en el aprecio de las propias fuerzas.
¿Qué significa pusilánime?
El Diccionario de la lengua española define «pusilánime» como la persona falta de ánimo y de valor para tomar decisiones o afrontar situaciones comprometidas. La palabra viene del latín tardío pusillanimis, formada por pusillus («muy pequeño», «mezquino») y animus («ánimo», «espíritu»): literalmente, «de espíritu pequeño». Es una palabra culta y algo literaria, y se usa tanto como adjetivo («un carácter pusilánime») como para describir a una persona.
Sus sinónimos más próximos son apocado, timorato, cobardón o miedoso, aunque no coinciden del todo con ella, como veremos.
La pusilanimidad en la filosofía
La tradición ética clásica la entendió como un defecto de la grandeza de ánimo. Aristóteles, en la Ética a Nicómaco, describe a la persona magnánima como la que se juzga digna de grandes cosas y lo es realmente. Frente a ella, el vanidoso se cree digno de más de lo que merece y el «pusilánime» (mikrópsychos) se considera digno de menos de lo que merece, de modo que se priva a sí mismo de bienes que podría alcanzar.
Tomás de Aquino recogió la idea en la Suma teológica: la pusilanimidad consiste en rehusar lo que uno es capaz de hacer, por una excesiva desconfianza en sus propias fuerzas. No es humildad: la humildad reconoce los límites reales; la pusilanimidad los exagera y paraliza.
Características de una persona pusilánime
- Evita decidir. Pospone, delega o deja que otros elijan para no asumir el riesgo.
- Se infravalora. Piensa que no está a la altura aunque tenga capacidad.
- Teme el conflicto. Calla lo que piensa para evitar disgustos o rechazo.
- Se rinde pronto. Ante la primera dificultad, abandona el proyecto.
- Busca la seguridad a toda costa. Prefiere lo conocido aunque no le satisfaga.
- Depende de la aprobación ajena. Cambia de postura según quién esté delante.
Pusilánime, cobarde y tímido: no son lo mismo
Se mezclan con facilidad, pero conviene separarlos:
- El cobarde huye ante un peligro concreto; el pusilánime se retrae ante cualquier reto, incluso cuando no hay peligro real.
- El tímido siente incomodidad social, pero puede actuar con decisión cuando algo le importa. La pusilanimidad es más una cuestión de carácter y de falta de confianza que de rasgos de personalidad.
- El prudente evalúa riesgos y decide con cabeza. El pusilánime no valora: simplemente se echa atrás.
La pusilanimidad es el opuesto del valor y de la fortaleza, pero también de la temeridad exagerada. La virtud está en el medio: arriesgarse con sensatez.
Ejemplos cotidianos
- Un profesional brillante que rechaza un ascenso por miedo a no dar la talla, aunque sus jefes confían en él.
- Una persona que no se atreve a poner un límite a un familiar abusivo y lo soporta años en silencio.
- Un estudiante con talento que no presenta su proyecto a un concurso porque «seguro que otros lo hacen mejor».
- Un ciudadano que presencia una injusticia y no dice nada por no complicarse.
Consecuencias de la pusilanimidad
- Oportunidades perdidas, en el trabajo, en las relaciones y en proyectos personales.
- Frustración y arrepentimiento por lo que no se intentó.
- Dependencia de otros que deciden por uno.
- Pasividad ante la injusticia, con efectos sociales cuando muchos callan.
Cómo superarla
- Empezar por retos pequeños. Decidir pronto cosas de poca importancia entrena el músculo de la decisión.
- Revisar la imagen de uno mismo. Preguntarse con qué datos se afirma «no puedo»: suelen ser pocos.
- Distinguir riesgo real de miedo imaginado. Escribir lo peor que podría pasar y qué se haría entonces.
- Aprender de los fracasos. La resiliencia se construye precisamente con caídas superadas.
- Buscar apoyo. Un amigo, un mentor o un profesional pueden ayudar a ganar confianza.
- Actuar con valores. Preguntarse qué haría la persona que quiero ser.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa ser pusilánime?
Significa tener poco ánimo y valor para tomar decisiones o afrontar situaciones difíciles, retrayéndose incluso ante retos que se podrían superar.
¿De dónde viene la palabra pusilánime?
Del latín tardío pusillanimis, de pusillus («muy pequeño») y animus («ánimo»). Literalmente, «de espíritu pequeño».
¿Cuál es la diferencia entre pusilánime y cobarde?
El cobarde huye ante un peligro concreto. El pusilánime se encoge ante los retos en general, por desconfianza en sus propias fuerzas, aunque no haya peligro.
¿Cuál es el contrario de pusilánime?
El magnánimo, la persona de ánimo grande que se atreve a empresas elevadas según su capacidad, y en general quien actúa con valor y determinación.
¿Se puede dejar de ser pusilánime?
Sí. Con retos graduales, mejor autoconocimiento, aprendizaje de los errores y apoyo externo, la confianza y la capacidad de decisión se pueden desarrollar.
Referencias
- Aristóteles, Ética a Nicómaco, libro IV (magnanimidad y pusilanimidad).
- Tomás de Aquino, Suma teológica, II-II, cuestión 133 (sobre la pusilanimidad).
- Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, artículo «pusilánime».
Cómo citar este artículo
Equipo de Conceptualia. (2026). «Pusilánime». Conceptualia. https://conceptualia.es/ser-humano/valores/pusilanime/

















