
Obediencia
Cumplir lo que ordena una autoridad o una norma: una virtud social que también puede ser un riesgo.
La obediencia es la acción de cumplir lo que ordena o pide una autoridad, una norma o una ley. Hace posible desde que los coches se detengan en un semáforo hasta que una empresa funcione, pero también puede servir para justificar acciones injustas. Por eso interesa tanto a la ética, la psicología y el derecho: ¿cuándo es una virtud y cuándo un peligro?
¿Qué es la obediencia?
La palabra viene del latín oboedientia, derivada de oboedire, formada por ob- («hacia») y audire («oír, escuchar»): obedecer es, literalmente, «escuchar atentamente» a quien manda y actuar en consecuencia. La Real Academia Española la define como la acción de obedecer, es decir, cumplir la voluntad de quien manda, lo que ordena una norma o lo que dispone una ley.
Se suele distinguir de otros conceptos cercanos:
- Conformidad: ajustar la propia conducta a la del grupo, sin que nadie lo ordene (como en los experimentos de Solomon Asch de 1951 sobre la presión grupal).
- Sumisión: aceptación pasiva y sin cuestionar del poder ajeno.
- Acatamiento o cumplimiento: respeto a una norma o decisión, aunque no se comparta.
Tipos de obediencia
Según el motivo
- Por convicción: se obedece porque se considera justa la norma o legítima la autoridad.
- Por miedo o coacción: se obedece para evitar un castigo.
- Por interés: se obedece para obtener una recompensa o un beneficio.
- Por hábito: se obedece sin reflexionar, porque siempre se ha hecho así.
Según la actitud
- Obediencia ciega: se cumple sin evaluar el contenido de la orden.
- Obediencia crítica o responsable: se cumple tras valorar su legitimidad, con capacidad de negarse si la orden es manifiestamente injusta o ilegal.
Según el ámbito
- Civil y jurídica: el deber de cumplir las leyes. La Constitución española (art. 9.1) establece que tanto la ciudadanía como los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.
- Laboral y militar: seguimiento de instrucciones dentro de una jerarquía.
- Familiar y educativa: la relación entre padres, madres e hijos o entre docentes y alumnado.
- Religiosa: en algunas órdenes monásticas, la obediencia es uno de los votos de la vida consagrada.
El experimento de Milgram
El psicólogo Stanley Milgram, de la Universidad de Yale, diseñó entre 1961 y 1963 un experimento para estudiar hasta dónde obedece una persona corriente. A los participantes se les pedía que administraran descargas eléctricas, en realidad simuladas, a otra persona cada vez que fallaba en una prueba de memoria, aumentando la intensidad hasta 450 voltios. Un experimentador con bata les pedía continuar.
En la versión más conocida, 26 de 40 participantes (65 %) llegaron al nivel máximo, pese a mostrar signos de malestar. El resultado sorprendió incluso a los psiquiatras consultados de antemano, que habían previsto que casi nadie llegaría tan lejos. Cuando las condiciones cambiaban (el experimentador daba las órdenes por teléfono, o aparecían otras personas que se negaban a continuar), la obediencia caía notablemente. Se concluyó que la proximidad y la legitimidad percibida de la autoridad, y el apoyo de otros que desobedecen, influyen mucho. El estudio ha sido objeto de críticas éticas y metodológicas, pero sigue siendo una referencia.
Obediencia, autoridad y responsabilidad
La obediencia presupone una autoridad reconocida como legítima. Max Weber distinguió tres fuentes: la tradicional, la carismática y la legal-racional. Cuanto más legítima se percibe, más voluntaria es la obediencia y menos necesita la fuerza.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la «obediencia debida» dejó de aceptarse como justificación de crímenes graves. El Estatuto del Tribunal de Núremberg (1945) estableció que haber actuado por orden de un superior no exime de responsabilidad, aunque puede tenerse en cuenta para atenuar la pena. Hannah Arendt, en Eichmann en Jerusalén (1963), reflexionó sobre cómo funcionarios corrientes pueden colaborar con el mal por cumplir órdenes sin pensar, lo que denominó «la banalidad del mal».
Importancia de la obediencia
- Convivencia: la ley y las normas funcionan porque, en general, se cumplen.
- Seguridad: en emergencias, seguir protocolos e instrucciones salva vidas.
- Organización: permite coordinar equipos grandes con tareas distintas.
- Educación: aprender a seguir reglas razonables es parte de la socialización.
Para evitar sus riesgos conviene fomentar el pensamiento crítico, explicar el porqué de las normas, y reconocer el derecho y el deber de negarse a cumplir órdenes manifiestamente ilegales o inmorales.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la obediencia?
¿Cuál es la diferencia entre obediencia y sumisión?
¿Qué demostró el experimento de Milgram?
¿Es siempre buena la obediencia?
¿Qué es la obediencia debida?
Referencias
- Milgram, S. (1963): «Behavioral Study of Obedience», Journal of Abnormal and Social Psychology, 67(4), 371-378; y Obedience to Authority (1974).
- Arendt, H. (1963): Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal.
- La Boétie, É. de (c. 1549): Discurso de la servidumbre voluntaria.
Cómo citar este artículo
Equipo de Conceptualia. (2024). «Obediencia». Conceptualia. https://conceptualia.es/cultura-y-sociedad/conocimiento/obediencia/

















