
Ejemplos de apólogos
El apólogo es un relato breve con enseñanza moral; aquí tienes más de 60 ejemplos reales, de El conde Lucanor a Esopo e Iriarte.
Un apólogo es un relato breve de ficción que encierra una enseñanza moral, como los cuentos de El conde Lucanor o la historia de la cigarra y la hormiga. Es uno de los géneros más antiguos de la literatura y ha pasado de la India y Grecia a la Edad Media castellana y a la literatura actual. En este artículo reunimos más de 60 ejemplos reales de apólogos, ordenados por obras y tradiciones, con su enseñanza, además de sus características, tipos y ejercicios resueltos.
¿Qué es un apólogo?
El Diccionario de la lengua española define el apólogo como una fábula y, por extensión, como una historia o relato que, mediante una ficción, encierra una enseñanza moral. La palabra procede del latín apologus, y este del griego apólogos, «relato, narración».
Muchos autores usan apólogo y fábula como sinónimos. Cuando se distinguen, se suele llamar fábula al relato protagonizado por animales que hablan, y apólogo a una categoría más amplia que incluye también personas, plantas u objetos, como en la historia de la olla de barro y la olla de cobre. En la Edad Media se empleaba además el término latino exemplum («ejemplo»), de donde vienen los «enxiemplos» de don Juan Manuel.
Características del apólogo
- Brevedad: narra una sola situación con pocos personajes.
- Intención didáctica: su objetivo es enseñar una norma de conducta o advertir de un error.
- Moraleja: la enseñanza puede aparecer explícita al final (a menudo en verso, como en Lucanor) o deducirse del relato.
- Personajes tipo: representan cualidades o defectos (la astucia, la vanidad, la avaricia) más que individuos complejos.
- Ficción reconocible: los hechos son inventados, aunque a veces verosímiles.
- Estructura sencilla: situación inicial, conflicto, desenlace y enseñanza.
- Relato marco: en muchas colecciones medievales los apólogos se insertan dentro de una conversación entre un consejero y su señor.
Ejemplos de apólogos de El conde Lucanor (1335)
En la obra de don Juan Manuel, el conde Lucanor plantea un problema y su consejero Patronio le responde con un apólogo.
- Ejemplo II, «Lo que sucedió a un hombre bueno con su hijo»: padre, hijo y burro reciben críticas hagan lo que hagan; no se puede contentar a todos.
- Ejemplo V, la zorra y el cuervo: el cuervo suelta el queso por creer los halagos; desconfía de la adulación.
- Ejemplo VI, la golondrina y el lino: la golondrina avisa a las aves de que del lino se harán redes; hay que atajar los males a tiempo.
- Ejemplo VII, doña Truhana: sueña con lo que comprará con la miel y la rompe; no hay que fiarse de lo imaginado.
- Ejemplo X, el hombre que comía altramuces: descubre a otro más pobre que se come sus cáscaras; siempre hay quien está peor.
- Ejemplo XI, el deán de Santiago y don Illán de Toledo: el deán olvida sus promesas al ascender; la ingratitud del ambicioso.
- Ejemplo XXXII, el rey y los burladores del paño: nadie se atreve a decir que no ve la tela; antecedente de «El traje nuevo del emperador».
- Ejemplo XXXV, el mancebo que casó con una mujer brava: sobre imponer desde el principio cómo se quiere ser tratado.
Ejemplos de apólogos de la tradición oriental
- Panchatantra (India): colección sánscrita de relatos para educar a unos príncipes, origen de muchas fábulas occidentales.
- El león y la liebre: la liebre engaña al león haciéndole ver su reflejo en un pozo; la inteligencia vence a la fuerza.
- La garza y el cangrejo: la garza se come a los peces con engaños hasta que el cangrejo la descubre; el engañador acaba engañado.
- El mono y el cocodrilo (en versión castellana, el simio y el galápago): el mono se salva diciendo que ha dejado el corazón en el árbol.
- La lechera: el relato de quien hace planes con lo que aún no tiene procede de esta tradición.
- Calila e Dimna (1251): traducción castellana, mandada hacer por el futuro Alfonso X, de una versión árabe de estos relatos.
- Sendebar o Libro de los engaños (1253).
- Disciplina clericalis, de Pedro Alfonso (siglo XII).
- Barlaam y Josafat: incluye el apólogo del hombre que, colgado sobre un pozo y perseguido por un unicornio, se distrae con unas gotas de miel.
- Las mil y una noches: el visir cuenta a Sherezade el apólogo del asno, el buey y el labrador.
- Los ciegos y el elefante: cada uno toca una parte y cree saber cómo es el animal; nadie posee toda la verdad.
Ejemplos de apólogos clásicos de Esopo y Fedro
- La cigarra y la hormiga: hay que prever el futuro.
- La zorra y las uvas: despreciar lo que no se puede conseguir.
- La liebre y la tortuga: la constancia vence a la confianza excesiva.
- El pastor mentiroso: al mentiroso no se le cree aunque diga la verdad.
- La gallina de los huevos de oro: la codicia lo pierde todo.
- El león y el ratón: hasta el más pequeño puede ayudar al poderoso.
- El ratón de campo y el ratón de ciudad: más vale vivir tranquilo con poco.
- El viento del norte y el sol: la persuasión logra más que la fuerza.
- Las ranas que pedían rey: quien no se conforma puede acabar peor.
- La olla de barro y la olla de cobre: conviene no juntarse con quien es más fuerte.
- El roble y la caña: la flexibilidad resiste donde la rigidez se rompe.
- El abeto y la zarza: la grandeza también tiene sus peligros.
- El lobo y el cordero (Fedro): el injusto siempre encuentra excusas.
- El perro y su reflejo (Fedro): por querer más, pierde lo que tenía.
- El parto de los montes: mucho ruido y pocas nueces.
- El asno con piel de león: el necio se delata en cuanto abre la boca.
- La zorra y la cigüeña: quien engaña acaba recibiendo el mismo trato.
- El labrador y la serpiente: no hay que esperar gratitud de los malvados.
- La rana y el buey: querer aparentar más de lo que uno es lleva a la ruina.
- Los dos amigos y el oso: los verdaderos amigos se conocen en el peligro.
- La zorra sin cola: desconfía de quien aconseja por su propio interés.
Ejemplos de apólogos en la literatura española
- Libro de buen amor (Arcipreste de Hita): la disputa por señas entre griegos y romanos.
- Libro de buen amor: las ranas que pedían rey y el parto de los montes, en versión castellana.
- Félix María Samaniego, Fábulas morales (1781): «La lechera».
- Samaniego: «Las moscas», sobre quienes se pierden por la golosina.
- Samaniego: «La zorra y el busto»: hay cabezas hermosas sin seso.
- Tomás de Iriarte, Fábulas literarias (1782): «El burro flautista», que acierta por casualidad.
- Iriarte: «Los dos conejos», que discuten si los perros son galgos o podencos mientras llegan.
- Iriarte: «El té y la salvia», protagonizado por dos plantas.
- Iriarte: «La abeja y los zánganos».
- Iriarte: «El oso, la mona y el cerdo»: si el necio aplaude, malo.
- Augusto Monterroso, La oveja negra y demás fábulas (1969): «La oveja negra».
- Jorge Bucay, «El elefante encadenado»: el elefante no escapa porque de pequeño aprendió que no podía.
Otros apólogos célebres
- Apólogo de Jotam (Jueces 9): los árboles buscan rey y solo acepta la zarza.
- Apólogo de Menenio Agripa (Tito Livio): los miembros del cuerpo se rebelan contra el estómago; la sociedad necesita a todas sus partes.
- La parábola del profeta Natán ante el rey David (2 Samuel 12): el rico que roba la única oveja del pobre.
- La Fontaine, «El roble y la caña» y «El cuervo y el zorro» (1668).
- Hans Christian Andersen, «El traje nuevo del emperador» (1837).
- León Tolstói, «¿Cuánta tierra necesita un hombre?» (1886).
- Franz Kafka, «Pequeña fábula».
- George Orwell, Rebelión en la granja (1945), apólogo político extenso.
- Iván Krylov, fabulista ruso, y Gotthold Ephraim Lessing, alemán, autores de colecciones de fábulas.
Tipos de apólogos
- Según sus personajes: de animales (fábula en sentido estricto), de plantas, de objetos o de personas.
- Según su forma: en prosa (El conde Lucanor) o en verso (Samaniego, Iriarte).
- Según su enseñanza: morales, políticos (Menenio Agripa, Orwell), religiosos (Barlaam y Josafat) o literarios (Iriarte).
- Según su presentación: sueltos o insertados en un relato marco.
Ejercicios resueltos
1. ¿Quién cuenta los apólogos en El conde Lucanor?
Los cuenta Patronio, el consejero del conde.
2. Escribe la enseñanza de «La liebre y la tortuga».
La constancia y el esfuerzo vencen al exceso de confianza.
3. Clasifica según sus personajes: «El té y la salvia», «El pastor mentiroso», «La olla de barro y la olla de cobre».
De plantas: «El té y la salvia»; de personas: «El pastor mentiroso»; de objetos: «La olla de barro y la olla de cobre».
4. ¿Qué cuento de Andersen tiene su antecedente en el ejemplo XXXII de El conde Lucanor?
«El traje nuevo del emperador».
5. ¿Es correcto decir que todo apólogo tiene animales?
No: puede tener personas, plantas u objetos; los de animales suelen llamarse fábulas.
Importancia del apólogo
El apólogo ha sido durante siglos una herramienta de educación: permite transmitir valores y advertencias sin sermones, a través de una historia fácil de recordar. Su viaje desde la India hasta Castilla, a través de traducciones árabes, demuestra además cómo circulaban las ideas en la Edad Media, y obras como El conde Lucanor son clave en el nacimiento de la prosa castellana. Hoy se sigue usando en la escuela, en la literatura infantil y hasta en libros de empresa o autoayuda. Para profundizar, consulta los artículos sobre moraleja, parábola y géneros literarios.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un apólogo?
Es un relato breve de ficción que encierra una enseñanza moral. Puede estar protagonizado por personas, animales, plantas u objetos.
¿Qué diferencia hay entre apólogo y fábula?
A menudo se usan como sinónimos. Cuando se distinguen, la fábula tiene animales como protagonistas y el apólogo es más amplio e incluye personas u objetos.
¿Cuál es la colección de apólogos más famosa en español?
«El conde Lucanor», de don Juan Manuel (1335), con sus cincuenta y un ejemplos narrados por Patronio.
¿Qué diferencia hay entre apólogo y parábola?
La parábola suele tener personajes humanos y un sentido religioso o alegórico; el apólogo tiene una finalidad moral más general y personajes de cualquier tipo.
¿De dónde vienen los apólogos medievales?
Muchos proceden de la India, como el «Panchatantra», y llegaron a Europa a través de traducciones persas y árabes como «Calila e Dimna».
Referencias
- Real Academia Española y ASALE. Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., entrada «apólogo».
- Don Juan Manuel. El conde Lucanor. Ed. de Guillermo Serés. Barcelona: Crítica.
- Lacarra, M.ª J. Cuento y novela corta en España. Edad Media. Barcelona: Crítica.
Cómo citar este artículo
Equipo de Conceptualia. (2026). «Ejemplos de apólogos». Conceptualia. https://conceptualia.es/ejemplos/ejemplos-de-apologos/
















