
Taxonomía de Bloom
La taxonomía de Bloom clasifica los objetivos de aprendizaje en niveles de complejidad creciente, desde recordar hasta crear.
La taxonomía de Bloom es un marco que ordena los objetivos de aprendizaje según su complejidad cognitiva, desde recordar información hasta crear algo nuevo. Se utiliza ampliamente en educación para planificar clases, redactar objetivos, diseñar actividades y construir pruebas de evaluación coherentes con lo que se quiere que el alumnado aprenda.
¿Qué es la taxonomía de Bloom?
Una taxonomía es una clasificación jerárquica. La de Bloom nació en 1956, cuando un grupo de especialistas en evaluación dirigido por el psicólogo educativo Benjamin Bloom (1913-1999), de la Universidad de Chicago, publicó Taxonomy of Educational Objectives. Handbook I: Cognitive Domain, junto con Max Engelhart, Edward Furst, Walker Hill y David Krathwohl. Su propósito original era facilitar el intercambio de ítems de examen entre universidades y ofrecer un lenguaje común para describir lo que se espera que el estudiante logre.
La idea central es que no todo aprendizaje exige el mismo esfuerzo mental: memorizar un dato es distinto de aplicarlo, analizar un problema o crear una solución. Ordenar estos procesos ayuda al docente a ir más allá de la mera memorización.
Los tres dominios del aprendizaje
Bloom y sus colaboradores plantearon tres dominios:
- Cognitivo: conocimiento y habilidades intelectuales (el más conocido y desarrollado en 1956).
- Afectivo: actitudes, valores y emociones. Lo desarrollaron Krathwohl, Bloom y Masia en 1964.
- Psicomotor: habilidades físicas y de coordinación, elaborado después por autores como Dave, Harrow y Simpson en los años setenta.
Cuando se habla de “taxonomía de Bloom” sin más, suele hacerse referencia al dominio cognitivo.
Los seis niveles de la taxonomía original (1956)
- Conocimiento: recordar datos, términos y conceptos.
- Comprensión: entender el significado y expresarlo con palabras propias.
- Aplicación: usar lo aprendido en situaciones nuevas.
- Análisis: descomponer la información en partes y ver sus relaciones.
- Síntesis: combinar elementos para formar algo nuevo.
- Evaluación: emitir juicios razonados con criterios.
Los niveles se concebían como acumulativos: para analizar, por ejemplo, hay que haber comprendido antes.
La revisión de 2001
En 2001, Lorin Anderson y David Krathwohl, antiguos colaboradores de Bloom, publicaron una versión revisada. Los cambios principales fueron: usar verbos en lugar de sustantivos (porque describen procesos), reordenar los dos últimos niveles y renombrar algunos. El resultado es:
| Nivel | Qué implica | Verbos habituales | Ejemplo |
|---|---|---|---|
| 1. Recordar | Recuperar información de la memoria | definir, listar, nombrar, identificar | Enumerar las capas de la atmósfera |
| 2. Comprender | Construir significado | explicar, resumir, clasificar, comparar | Explicar con tus palabras qué es la fotosíntesis |
| 3. Aplicar | Usar un procedimiento en una situación | resolver, usar, demostrar, calcular | Calcular el área de una habitación real |
| 4. Analizar | Descomponer y relacionar partes | comparar, diferenciar, organizar, deducir | Analizar las causas de un conflicto histórico |
| 5. Evaluar | Juzgar según criterios | valorar, criticar, justificar, argumentar | Valorar la fiabilidad de dos fuentes |
| 6. Crear | Reunir elementos para generar algo original | diseñar, elaborar, proponer, componer | Diseñar un proyecto de huerto escolar |
Los tres primeros niveles se consideran de pensamiento de orden inferior y los tres últimos, de orden superior, y suelen asociarse a las habilidades del pensamiento más exigentes, como el pensamiento lógico y el pensamiento creativo.
La revisión incorporó, además, una segunda dimensión, la del tipo de conocimiento: factual (datos), conceptual (relaciones entre ideas), procedimental (cómo hacer algo) y metacognitivo (conocimiento sobre el propio aprendizaje).
Cómo usar la taxonomía de Bloom
- Redactar objetivos de aprendizaje: el esquema habitual es “el alumno será capaz de + verbo + contenido + condición”. Por ejemplo: “El alumno será capaz de comparar dos textos argumentativos identificando sus tesis”.
- Diseñar actividades: combinar tareas de distintos niveles, desde ejercicios sencillos de memoria hasta proyectos de creación.
- Elaborar pruebas de evaluación: asegurarse de que no todo se reduce a preguntas de memoria.
- Dar feedback: indicar en qué nivel se encuentra el estudiante y cómo avanzar al siguiente.
- Planificar el trabajo autónomo: también sirve a quien estudia por su cuenta para plantearse preguntas cada vez más profundas.
Críticas y límites
- La jerarquía no es tan rígida como parece: en la práctica los procesos se entrelazan, y se puede crear sin haber memorizado todo, o recordar algo con un alto grado de comprensión.
- Algunos verbos aparecen en varios niveles y la clasificación de una tarea depende del contexto y del alumnado.
- Puede dar la falsa impresión de que recordar es poco valioso: sin conocimientos base es difícil analizar o crear.
- No explica por sí sola cómo enseñar; es una herramienta para formular y organizar objetivos, que conviene combinar con enfoques como el constructivismo y el aprendizaje significativo.
Existen adaptaciones, como la taxonomía de Bloom para la era digital de Andrew Churches (2008), que incorpora verbos de entornos digitales como buscar, colaborar o publicar.
Importancia de la taxonomía de Bloom
Su valor está en dar un lenguaje común a docentes y diseñadores de formación, en invitar a plantear objetivos más ambiciosos que la repetición y en alinear objetivos, actividades y evaluación. Es una herramienta clave dentro de la pedagogía y la didáctica, y un buen punto de partida para entender cómo se organiza el aprendizaje.
Preguntas frecuentes
¿Quién creó la taxonomía de Bloom?
¿Cuáles son los niveles de la taxonomía de Bloom actualizada?
¿Qué diferencia hay entre la taxonomía original y la revisada?
¿Para qué sirve la taxonomía de Bloom?
¿Se puede aplicar la taxonomía de Bloom fuera de la escuela?
Referencias
- Bloom, B. S. (ed.), Engelhart, M. D., Furst, E. J., Hill, W. H. y Krathwohl, D. R. (1956). Taxonomy of Educational Objectives: The Classification of Educational Goals. Handbook I: Cognitive Domain. David McKay.
- Anderson, L. W. y Krathwohl, D. R. (eds.) (2001). A Taxonomy for Learning, Teaching, and Assessing: A Revision of Bloom’s Taxonomy of Educational Objectives. Longman.
- Krathwohl, D. R. (2002). A revision of Bloom’s taxonomy: an overview. Theory Into Practice, 41(4), 212-218.
Cómo citar este artículo
Equipo de Conceptualia. (2026). «Taxonomía de Bloom». Conceptualia. https://conceptualia.es/ser-humano/psicologia/taxonomia-de-bloom/

















