
Curiosidad
La curiosidad es el deseo de conocer y explorar lo nuevo, una motivación básica que impulsa el aprendizaje, la memoria y la creatividad.
La curiosidad es el deseo de conocer, explorar y comprender algo que todavía no sabemos. Es una de las motivaciones más básicas del ser humano y, según la psicología, uno de los grandes motores del aprendizaje, la creatividad y el desarrollo personal. Aparece muy pronto: un bebé que mira, toca y se lleva todo a la boca ya está explorando su mundo.
¿Qué es la curiosidad?
La palabra viene del latín curiositas, derivada de cura, que significa «cuidado» o «atención». En psicología se define como la tendencia a buscar información nueva y experiencias novedosas por el simple placer de saber, sin que haya necesariamente una recompensa externa. Es, por tanto, una emoción y a la vez un rasgo de la personalidad: todos la sentimos en ciertos momentos (curiosidad «de estado»), pero algunas personas son en general más curiosas que otras (curiosidad «de rasgo»).
Cuando algo despierta nuestra curiosidad, la atención se orienta hacia ello, nos preguntamos «¿por qué?» o «¿cómo?» y sentimos una incomodidad ligera que solo desaparece al obtener la respuesta.
Cómo la explica la psicología
Berlyne y los tipos de curiosidad
El psicólogo Daniel Berlyne, en los años cincuenta y sesenta, fue uno de los primeros en estudiarla de forma sistemática. Distinguió entre:
- Curiosidad perceptiva: la que nos impulsa a mirar o investigar estímulos nuevos, extraños o sorprendentes.
- Curiosidad epistémica: el deseo de adquirir conocimiento y resolver dudas.
También separó la curiosidad diversiva (buscar novedad por aburrimiento o por el gusto de estimularse) de la curiosidad específica (querer una información concreta que falta).
La teoría de la brecha de información
George Loewenstein (1994) propuso que la curiosidad surge cuando percibimos una distancia entre lo que sabemos y lo que queremos saber. Cuando esa brecha es pequeña pero perceptible, la curiosidad es máxima; si no sabemos nada, no hay punto de apoyo, y si sabemos casi todo, la necesidad desaparece. Por eso los buenos titulares, los misterios y las preguntas abiertas atrapan tanto.
Interés y privación
Jordan Litman describió dos «sabores» de curiosidad: la de interés, que es placentera y nace del gusto por aprender, y la de privación, que resulta más incómoda y se alivia al cerrar un vacío de información. Todd Kashdan y su equipo ampliaron el modelo a cinco dimensiones, que son la sensibilidad a la privación, la exploración alegre, la curiosidad social, la tolerancia al estrés ante lo nuevo y la búsqueda de emociones.
Qué ocurre en el cerebro
Un estudio de Matthias Gruber, Bernard Gelman y Charan Ranganath (2014) mostró que, cuando las personas sienten curiosidad por una pregunta, se activa el circuito dopaminérgico de recompensa y el hipocampo, y que la información que llega en ese estado se recuerda mejor, incluso la que no estaba relacionada con la pregunta. Dicho de otro modo: aprendemos más y mejor lo que nos intriga. Esto conecta con la memoria y con el aprendizaje significativo.
Beneficios de la curiosidad
- Mejora el aprendizaje y la retención, como acabamos de ver.
- Estimula la creatividad y el pensamiento creativo, al favorecer asociaciones nuevas.
- Se relaciona con el bienestar: los estudios de Kashdan sugieren que las personas curiosas tienden a informar de mayor satisfacción vital y mejores relaciones, porque se interesan genuinamente por los demás.
- Ayuda a afrontar el cambio, porque la novedad se vive como oportunidad y no solo como amenaza.
- Favorece el rendimiento académico: metaanálisis recientes encuentran que la curiosidad predice buenos resultados escolares, más allá de la inteligencia.
Curiosidad e infancia
Los niños pequeños preguntan constantemente, y Jean Piaget ya observó cómo exploran activamente el mundo para construir su comprensión. Los adultos podemos apagar esa chispa sin querer si respondemos con impaciencia, penalizamos el error o convertimos todo aprendizaje en obligación. Resulta más eficaz responder con otra pregunta, permitir la exploración segura y modelar la actitud de «no lo sé, vamos a averiguarlo».
Cómo cultivar la curiosidad
- Hacer más preguntas, sobre todo «¿por qué?» y «¿y si…?».
- Probar actividades, lugares y lecturas fuera de la rutina.
- Aceptar no saber y tolerar la incertidumbre un rato antes de buscar la respuesta.
- Escuchar de verdad a personas con otras vidas y puntos de vista.
- Revisar lo que se da por obvio y dejar espacio para el aburrimiento, que muchas veces precede a la exploración.
¿Puede ser negativa?
En ocasiones la curiosidad lleva a conductas arriesgadas, a husmear en lo privado o a pasar horas pegado a pantallas buscando información de poco valor. La clave está en la finalidad y en el respeto a los límites: curiosidad, sí; invasión de la intimidad o imprudencia, no.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la curiosidad en psicología?
¿Cuáles son los tipos de curiosidad según Berlyne?
¿Por qué la curiosidad ayuda a aprender?
¿Se puede entrenar la curiosidad?
¿La curiosidad se pierde con la edad?
Referencias
- Berlyne, D. E. (1960). Conflict, Arousal, and Curiosity. McGraw-Hill.
- Loewenstein, G. (1994). The psychology of curiosity: A review and reinterpretation. Psychological Bulletin, 116(1), 75-98.
- Gruber, M. J., Gelman, B. D. y Ranganath, C. (2014). States of curiosity modulate hippocampus-dependent learning via the dopaminergic circuit. Neuron, 84(2), 486-496.
- Kashdan, T. B. et al. (2018). The five-dimensional curiosity scale. Journal of Personality, 86(5), 947-959.
Cómo citar este artículo
Equipo de Conceptualia. (2024). «Curiosidad». Conceptualia. https://conceptualia.es/ser-humano/psicologia/curiosidad/

















