
Egocentrismo
El egocentrismo es la dificultad para adoptar una perspectiva distinta de la propia, normal en la infancia y que puede persistir en adultos.
El egocentrismo es la dificultad para adoptar un punto de vista distinto del propio: la persona interpreta el mundo desde su perspectiva y asume, sin darse cuenta, que los demás piensan, sienten y ven las cosas igual que ella. Es normal en la infancia, reaparece de formas sutiles en la adolescencia y en los adultos, y no equivale necesariamente a egoísmo ni a mala intención.
¿Qué es el egocentrismo?
El término procede del latín ego («yo») y del griego kentron («centro»): colocarse en el centro. En psicología, designa una limitación cognitiva y perceptiva más que un defecto moral. El egocentrismo implica fallar a la hora de distinguir entre lo que yo sé, siento o veo y lo que sabe, siente o ve otra persona.
Conviene no confundirlo con conceptos próximos:
- Egoísmo: conducta deliberada de anteponer el propio interés al de los demás. El egocéntrico puede ser generoso y simplemente no darse cuenta de que el otro piensa distinto.
- Narcisismo: admiración exagerada de uno mismo y necesidad de reconocimiento. Un adulto narcisista suele ser egocéntrico, pero no al revés.
- Individualismo: valoración de la autonomía personal frente al colectivo, una orientación cultural y no un fallo de perspectiva.
El egocentrismo según Piaget
El psicólogo suizo Jean Piaget fue quien lo introdujo en el estudio del desarrollo infantil. Para él, el niño de la etapa preoperacional (aproximadamente de los 2 a los 7 años) tiene un pensamiento egocéntrico: le cuesta comprender que otra persona puede tener una visión diferente de la misma situación.
El experimento más conocido es la tarea de las tres montañas, que Piaget e Inhelder describieron en 1948. Se sienta al niño ante una maqueta con tres montañas distintas y se le pide que indique cómo la ve una muñeca colocada en otro lado. Los niños pequeños tendían a elegir su propia vista. Investigaciones posteriores, como las de Martin Hughes con la tarea del muñeco y el policía (1975), mostraron que con tareas más familiares los niños resuelven mejor el cambio de perspectiva, por lo que el egocentrismo infantil sería menos absoluto de lo que Piaget supuso.
Con el desarrollo cognitivo, la maduración y la interacción con otros niños, la capacidad de descentrarse va aumentando. Está estrechamente ligada a lo que hoy se llama teoría de la mente y a la empatía.
Egocentrismo adolescente
David Elkind (1967) describió una forma específica en la adolescencia, con dos fenómenos típicos:
- Audiencia imaginaria: la creencia de que los demás están pendientes de nuestro aspecto y conducta tanto como nosotros mismos.
- Fábula personal: la sensación de ser único y especial, hasta el punto de creerse inmune a riesgos que afectan a otros.
Son rasgos transitorios, vinculados a la construcción de la identidad, y suelen atenuarse con la edad.
El egocentrismo en los adultos
Los adultos también tropiezan con el sesgo egocéntrico. Los experimentos de Nicholas Epley y colaboradores (2004) mostraron que, al interpretar lo que otros saben o sienten, solemos partir de nuestra propia perspectiva y ajustarla de manera insuficiente. Es lo que ocurre cuando damos por sabido algo que solo conocemos nosotros o pensamos que todos notan nuestros errores.
Señales habituales
- Dificultad para escuchar sin reconducir la conversación hacia uno mismo.
- Escasa empatía o sorpresa constante ante reacciones ajenas.
- Creer que las propias opiniones son las únicas razonables.
- Sobrestimar la propia contribución en trabajos compartidos.
- Interpretar lo que ocurre alrededor como si tuviera que ver con uno.
Consecuencias y cómo reducirlo
El egocentrismo marcado genera malentendidos, conflictos en la pareja y en el trabajo, y relaciones poco recíprocas. Reducirlo es posible con ejercicios concretos:
- Preguntar antes de suponer: «¿cómo lo ves tú?».
- Practicar la escucha activa y resumir lo que dice el otro antes de responder.
- Ponerse mentalmente en el lugar de la otra persona e imaginar qué sabe, qué quiere y qué teme.
- Pedir retroalimentación y aceptarla sin ponerse a la defensiva.
- Entrenar la empatía y las habilidades sociales.
Si el patrón es muy rígido, se acompaña de desprecio por los demás o provoca un sufrimiento significativo, puede ser útil consultar con un profesional de la psicología.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el egocentrismo en psicología?
¿Egocentrismo y egoísmo son lo mismo?
¿Qué es el egocentrismo según Piaget?
¿Qué es el egocentrismo adolescente?
¿Se puede superar el egocentrismo?
Referencias
- Piaget, J. e Inhelder, B. (1948). La représentation de l’espace chez l’enfant. Presses Universitaires de France.
- Elkind, D. (1967). Egocentrism in adolescence. Child Development, 38(4), 1025-1034.
- Epley, N., Keysar, B., Van Boven, L. y Gilovich, T. (2004). Perspective taking as egocentric anchoring and adjustment. Journal of Personality and Social Psychology, 87(3), 327-339.
Cómo citar este artículo
Equipo de Conceptualia. (2026). «Egocentrismo». Conceptualia. https://conceptualia.es/ser-humano/psicologia/egocentrismo/

















