
Pensamiento mágico
El pensamiento mágico atribuye a deseos, palabras u objetos un poder causal sin base comprobable; aparece en la infancia y persiste de forma sutil en los adultos.
El pensamiento mágico es la tendencia a creer que pensamientos, palabras, gestos u objetos pueden influir en los acontecimientos del mundo sin que exista un mecanismo físico que lo explique. Aparece con fuerza en la infancia, impregna muchas costumbres populares y, aunque solemos asociarlo a otras épocas, sigue presente en la mente adulta de formas sutiles. Psicólogos y antropólogos lo han estudiado durante más de un siglo para entender cómo construimos nuestras ideas sobre la causa y el efecto.
¿Qué es el pensamiento mágico?
En psicología se llama pensamiento mágico a un modo de razonar que establece relaciones causales no comprobadas entre sucesos. Quien piensa de forma mágica supone, por ejemplo, que desear algo con intensidad hace más probable que ocurra, que un objeto que perteneció a alguien conserva algo de esa persona o que pronunciar una palabra puede atraer una desgracia.
No hay que confundirlo con la magia como espectáculo ni con la creencia religiosa en sentido amplio. El pensamiento mágico es, ante todo, una forma de inferir causas: se fija en parecidos, coincidencias o contactos y los convierte en explicaciones. Por eso puede aparecer en cualquier persona, sea creyente o no, y en cualquier ámbito, desde el deporte hasta la economía doméstica.
Características
- Causalidad por semejanza o contacto: lo que se parece o lo que estuvo junto parece estar conectado.
- Poder atribuido a la mente: los deseos, los temores o las palabras se viven como capaces de alterar la realidad.
- Resistencia a la refutación: los aciertos se recuerdan y los fallos se olvidan o se justifican.
- Función emocional: proporciona una sensación de control ante lo incierto y reduce la inquietud.
- Coexistencia con el razonamiento lógico: una misma persona puede razonar con rigor en su trabajo y, a la vez, evitar ciertos gestos «por si acaso».
El pensamiento mágico en la infancia: la aportación de Piaget
El psicólogo suizo Jean Piaget describió en La representación del mundo en el niño (1926) cómo los niños pequeños explican la naturaleza. Situó estas ideas sobre todo en la etapa que más tarde denominó preoperacional (aproximadamente de los 2 a los 7 años), dentro de su teoría del desarrollo cognitivo. Entre los rasgos que observó destacan:
| Rasgo | En qué consiste | Ejemplo infantil |
|---|---|---|
| Realismo | Confundir lo psíquico con lo físico: los sueños o los nombres se viven como cosas reales | Creer que el sueño «está en la habitación» |
| Animismo | Atribuir vida, intención o conciencia a objetos inanimados | «La Luna me sigue cuando voy en coche» |
| Artificialismo | Pensar que los elementos naturales han sido fabricados por personas | «Las montañas las hicieron unos señores» |
| Participación | Suponer que los propios actos influyen a distancia en la naturaleza | Pensar que caminar hace que las nubes avancen |
El animismo infantil del que hablaba Piaget no es lo mismo que el animismo como sistema de creencias de distintas culturas, aunque comparta el nombre. Investigaciones posteriores, como las de la psicóloga Jacqueline Woolley, han matizado su visión: los niños distinguen entre fantasía y realidad antes de lo que se pensaba, y los adultos tampoco están libres de razonamientos mágicos. La diferencia entre unos y otros sería más de grado y de contexto que de naturaleza.
Las «leyes» de la magia simpática
En antropología, el estudioso escocés James George Frazer sistematizó en La rama dorada (1890) los principios de lo que llamó magia simpática: la ley de semejanza (lo semejante produce lo semejante) y la ley de contagio (lo que estuvo en contacto sigue influyéndose). Su interpretación de la magia como una «ciencia fallida» de pueblos antiguos hoy se considera superada por su visión evolucionista y etnocéntrica, pero sus dos leyes resultaron útiles para describir cómo razona cualquier mente humana.
Así lo mostró en los años ochenta el psicólogo Paul Rozin con estudiantes universitarios estadounidenses. En sus experimentos, muchos participantes se resistían a beber un zumo en el que se había sumergido una cucaracha esterilizada, rechazaban un dulce de chocolate con forma de excremento o dudaban en tomar agua azucarada de un frasco que ellos mismos habían etiquetado como «cianuro». Sabían que no había peligro, pero el contacto y la semejanza seguían pesando en su conducta.
Tipos y manifestaciones
- Por semejanza: tratar una imagen como si fuera lo representado, como resistirse a romper la fotografía de un ser querido.
- Por contagio: rechazar una prenda que perteneció a alguien desagradable o, al contrario, valorar un objeto por haber sido tocado por una persona admirada.
- Poder de las palabras: evitar nombrar una enfermedad o una desgracia por miedo a «llamarla».
- Fusión entre pensamiento y acción: sentir que pensar algo malo equivale a provocarlo o a desearlo. Los psicólogos Stanley Rachman y Roz Shafran estudiaron este sesgo en los años noventa.
- Ilusión de control: creer que se influye en lo que depende del azar. Ellen Langer (1975) observó que quienes elegían su propio boleto de lotería pedían más dinero por venderlo que quienes lo recibían asignado.
- Señales y presagios: interpretar coincidencias como mensajes, base de muchas formas de superstición.
Ejemplos cotidianos
- Un aficionado que no cambia de asiento en el sofá mientras su equipo va ganando.
- Una estudiante que usa siempre el mismo bolígrafo en los exámenes porque «le da suerte».
- Alguien que lanza los dados con más fuerza cuando necesita un número alto.
- Una persona que evita decir en voz alta que lleva meses sin resfriarse.
- Quien guarda la camiseta firmada por un deportista sin lavarla para no «borrar» su huella.
- Pulsar varias veces el botón del ascensor como si así fuera a llegar antes.
La escritora estadounidense Joan Didion tituló El año del pensamiento mágico (2005) el libro en que relató su duelo: se resistía a deshacerse de los zapatos de su marido fallecido por la sensación de que podría necesitarlos. El ejemplo muestra que estas ideas surgen también en adultos lúcidos ante situaciones que escapan al control.
Diferencia con el pensamiento científico
Ambos buscan explicar por qué ocurren las cosas, pero lo hacen con criterios opuestos. El pensamiento mágico se conforma con la coincidencia o el parecido; el pensamiento científico exige una relación comprobable y repetible. Tres diferencias resumen el contraste:
- Prueba: la ciencia contrasta las hipótesis con grupos de control; el pensamiento mágico se apoya en casos sueltos.
- Mecanismo: la ciencia pregunta cómo se produce el efecto; la magia lo da por supuesto.
- Corrección: un resultado contrario obliga a revisar una teoría científica; en el pensamiento mágico suele atribuirse a otra causa («no funcionó porque no lo hice bien»).
Antropólogos como Bronisław Malinowski señalaron que ambos modos pueden convivir: se recurre a la técnica para lo que se domina y al rito para lo incierto.
Importancia
El pensamiento mágico cumple funciones reales. En la infancia forma parte del juego simbólico y de la imaginación; en la cultura, alimenta mitos, cuentos y tradiciones; y en momentos de tensión ofrece una sensación de control que puede tranquilizar. Conocerlo ayuda también a detectar sus riesgos: confiar en remedios sin eficacia probada, tomar decisiones económicas basadas en rachas o dejarse llevar por correlaciones casuales. En psicología clínica el término aparece en la descripción de algunos trastornos, pero esa valoración corresponde siempre a profesionales; en la vida diaria, la mayoría de estas creencias son leves e inofensivas.
Ejercicios resueltos
1. Un niño de cuatro años dice que el sol se ha ido a dormir porque está cansado. ¿Qué rasgo descrito por Piaget aparece?
Atribuye intención y estados como el cansancio a un astro inanimado, así que se trata de animismo.
2. Una persona no quiere ponerse un jersey de segunda mano porque perteneció a alguien que cometió un delito. ¿Qué ley de la magia simpática actúa?
La idea es que algo de la persona «pasó» a la prenda por haber estado en contacto con ella: es la ley de contagio.
3. Clasifica: a) creer que pensar en un accidente puede provocarlo; b) negarse a pinchar con un alfiler la foto de un amigo; c) elegir uno mismo los números de la lotería para tener más opciones.
a) fusión entre pensamiento y acción; b) semejanza, porque la imagen se trata como la persona; c) ilusión de control, ya que todas las combinaciones tienen la misma probabilidad.
4. Un jugador gana tres partidos seguidos con los mismos calcetines y concluye que le traen suerte. ¿Qué haría falta para comprobarlo de forma científica?
Comparar muchos partidos con y sin esos calcetines, controlando otros factores como el rival o el estado físico. Tres casos no bastan: hace falta una muestra amplia y un grupo de comparación.
Preguntas frecuentes
¿El pensamiento mágico es propio solo de los niños?
¿Qué diferencia hay entre pensamiento mágico y superstición?
¿A qué edad suele disminuir en los niños?
¿Tiene alguna utilidad?
¿Quién formuló las leyes de semejanza y contagio?
Referencias
- Piaget, J. La representación del mundo en el niño. Ediciones Morata.
- Frazer, J. G. La rama dorada: magia y religión. Fondo de Cultura Económica.
- Rozin, P., Millman, L. y Nemeroff, C. (1986). «Operation of the laws of sympathetic magic in disgust and other domains». Journal of Personality and Social Psychology, 50(4), 703-712.
- Langer, E. J. (1975). «The illusion of control». Journal of Personality and Social Psychology, 32(2), 311-328.
- Woolley, J. D. (1997). «Thinking about fantasy: Are children fundamentally different thinkers and believers from adults?». Child Development, 68(6), 991-1011.
Cómo citar este artículo
Equipo de Conceptualia. (2026). «Pensamiento mágico». Conceptualia. https://conceptualia.es/ser-humano/psicologia/pensamiento-magico/

















